Mi Delirio sobre el Chimborazo-Simón Bolívar
Simón Bolívar.
Su prosa siempre fue fina
y enérgica, por medio de ella ejerció un poder humano de gran envergadura, en
lo real y en lo teórico, a tal punto que su pensamiento escrito sigue brillando
en el tiempo.
La obra verdaderamente literaria y cargada de
gran belleza escrita por el Libertador Simón Bolívar fue Mi Delirio sobre el
Chimborazo. Es la única de sus obras escritas con una finalidad esencialmente
poética. En ella llega a mostrar la pequeñez humana delante de lo infinito.
El monte Chimborazo está situado en la
provincia de Ecuador. Chimborazo es el nombre del dios de la antigua nación
Puruhá. En la visión de la montaña se inspiró Simón Bolívar al momento de darle
vida a ¨Mi Delirio sobre el Chimborazo¨.
Mi Delirio sobre el Chimborazo
Yo venía envuelto en el manto
de Iris, desde donde paga su tributo el caudaloso Orinoco al Dios de las aguas.
Había visitado las encantadas fuentes amazónicas, y quise subir al atalaya del
Universo. Busqué las huellas de La Condamine y de Humboldt; seguílas
audaz, nada me detuvo; llegué a la región glacial, el éter sofocaba mi aliento. Ninguna planta humana había hollado la corona diamantina que pusieron las manos
de la Eternidad sobre las sienes excelsas del dominador de los Andes. Yo me
dije: este manto de Iris que me ha servido de estandarte, ha recorrido en mis
manos sobre regiones infernales, ha surcado los ríos y los mares, ha subido
sobre los hombros gigantescos de los Andes; la tierra se ha allanado a los pies
de Colombia, y el tiempo no ha podido detener la marcha de la libertad. Belona
ha sido humillada por el resplandor de Iris, ¿y no podré yo trepar sobre los
cabellos canosos del gigante de la tierra?
¡Sí podré!
Y arrebatado por la violencia de un espíritu
desconocido para mí, que me parecía divino, dejé atrás las huellas de Humboldt,
empañando los cristales eternos que circuyen el Chimborazo. Llego como
impulsado por el genio que me animaba, y desfallezco al tocar con mi cabeza la
copa del firmamento: tenía a mis pies los umbrales del abismo.
Un delirio febril embarga mi mente; me siento como encendido por un fuego
extraño y superior. Era el Dios de Colombia que me poseía.
De repente se me presenta el Tiempo bajo el semblante venerable de un viejo cargado con los despojos de las edades: ceñudo, inclinado, calvo, rizada la tez, una hoz en la mano…
"Yo soy el padre de los siglos, soy el arcano de la fama y del secreto, mi madre fue la Eternidad; los límites de mi imperio los señala el Infinito; no hay sepulcro para mí, porque soy más poderoso que la Muerte; miro lo pasado, miro lo futuro, y por mis manos pasa lo presente. ¿Por qué te envaneces, niño o viejo, hombre o héroe? ¿Crees que es algo tu Universo? ¿Que levantaros sobre un átomo de la creación, es elevaros? ¿Pensáis que los instantes que llamáis siglos pueden servir de medida a mis arcanos? ¿Imagináis que habéis visto la Santa Verdad? ¿Suponéis locamente que vuestras acciones tienen algún precio a mis ojos? Todo es menos que un punto a la presencia del Infinito que es mi hermano".
Sobrecogido de un terror sagrado, « ¿cómo, ¡oh Tiempo! -Respondí- no ha de desvanecerse el mísero mortal que ha subido tan alto? He pasado a todos los hombres en fortuna, porque me he elevado sobre la cabeza de todos. Yo domino la tierra con mis plantas; llego al Eterno con mis manos; siento las prisiones infernales bullir bajo mis pasos; estoy mirando junto a mí rutilantes astros, los soles infinitos; mido sin asombro el espacio que encierra la materia, y en tu rostro leo la Historia de lo pasado y los pensamientos del Destino».
"Observa -me dijo-, aprende, conserva en tu mente lo que has visto, dibuja a los ojos de tus semejantes el cuadro del Universo físico, del Universo moral; no escondas los secretos que el cielo te ha revelado: di la verdad a los hombres".
El fantasma desapareció.
Absorto, yerto, por decirlo así, quedé exánime largo tiempo, tendido sobre aquel inmenso diamante que me servía de lecho. En fin, la tremenda voz de Colombia me grita; resucito, me incorporo, abro con mis propias manos los pesados párpados: vuelvo a ser hombre, y escribo mi delirio.



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